La nueva generación de análisis de sangre promete detectar el riesgo cardiometabólico años antes: qué mide y a quién le conviene

Un pinchazo en el brazo y, en pocos días, un mapa más fino del riesgo de infarto, diabetes tipo 2 o hígado graso que el que ofrecen las analíticas tradicionales. Esa es la promesa de la nueva hornada de pruebas sanguíneas avanzadas —más completas y cada vez más accesibles— que están entrando en consultas de medicina preventiva y unidades de cardiología en España. La novedad no es solo “más parámetros”, sino biomarcadores que captan inflamación crónica de bajo grado, resistencia a la insulina y carga aterogénica antes de que aparezcan síntomas.En los últimos meses, varias sociedades científicas europeas han insistido en que el riesgo cardiometabólico se gesta durante años y que la prevención debe empezar antes, especialmente en personas con sobrepeso, antecedentes familiares o sedentarismo. En ese contexto, algunos hospitales y clínicas están incorporando perfiles que combinan lípidos “clásicos” con marcadores emergentes como ApoB, Lp(a), hs-CRP, HbA1c, insulina en ayunas, HOMA-IR y, en determinados casos, índices de hígado graso basados en enzimas hepáticas y triglicéridos.¿Qué aportan frente a un “colesterol total” y poco más? Para empezar, afinan el riesgo real. La apolipoproteína B (ApoB) estima el número de partículas aterogénicas (las que pueden penetrar en la pared arterial), mientras que la lipoproteína(a) [Lp(a)] es un factor fuertemente influido por la genética y asociado a enfermedad cardiovascular prematura. “Dos personas con LDL parecido pueden tener un riesgo muy distinto si una tiene ApoB alta o Lp(a) elevada. Ahí es donde estas pruebas cambian la conversación”, explica la cardióloga Marta Roldán, especializada en prevención cardiovascular.Otro eje es la inflamación. La proteína C reactiva ultrasensible (hs-CRP) no diagnostica por sí sola, pero ayuda a identificar inflamación sistémica persistente, vinculada a aterosclerosis y a peor pronóstico metabólico. Y en el terreno de la glucosa, la HbA1c capta la media de glucemia de los últimos meses; sumarla a insulina basal y cálculos como HOMA-IR puede señalar resistencia a la insulina cuando la glucosa en ayunas aún “sale normal”. “Vemos a menudo perfiles en los que el azúcar está en rango, pero la insulina está disparada: es el preludio de problemas”, apunta el endocrinólogo Javier Leal.Los defensores de estos paneles subrayan que no se trata de medicalizar a personas sanas, sino de personalizar la prevención y priorizar cambios de estilo de vida con más precisión. Por ejemplo, una Lp(a) alta no se corrige con dieta, pero sí puede justificar un control más estrecho de otros factores (presión arterial, LDL, tabaquismo) y, en casos seleccionados, tratamientos hipolipemiantes más intensivos. En cambio, una resistencia a la insulina detectada temprano puede responder de forma notable a una estrategia combinada de fuerza, caminatas tras las comidas, sueño suficiente y ajuste de la calidad de hidratos.Ahora bien, el auge de estas analíticas también trae preguntas: ¿a quién conviene realmente? En general, los expertos coinciden en que son más útiles en personas con historia familiar de enfermedad cardiovascular precoz, hipertensión, obesidad abdominal, hígado graso, síndrome de ovario poliquístico, diabetes gestacional previa o resultados “fronterizos” en controles habituales. También pueden aclarar dudas cuando el riesgo calculado por tablas estándar no encaja con la realidad clínica (por ejemplo, alguien joven con varios factores subclínicos).El punto delicado es evitar el “más es mejor” sin criterio. La interpretación exige contexto: una hs-CRP puede subir por una infección reciente o por un entrenamiento muy intenso; y algunos marcadores varían según medicación, ciclo menstrual o incluso la hora del día. “La clave es que el paciente no compre un paquete de laboratorio y se autodiagnostique. Un biomarcador aislado no es una sentencia; es una pieza del puzle”, advierte Roldán. Leal coincide: “A veces el valor está en repetir la medición, ver tendencia y cruzarla con hábitos, composición corporal y presión arterial”.En España, el coste es otro factor. Un perfil básico ampliado puede rondar desde decenas hasta más de cien euros, y los paneles más completos se encarecen. Algunas pruebas están cubiertas por el sistema público cuando hay indicación clínica; otras se solicitan en el ámbito privado. En cualquier caso, los especialistas recomiendan priorizar lo que tiene más impacto: tensión arterial, perfil lipídico completo, glucosa/HbA1c y, si hay antecedentes o dudas, añadir ApoB y Lp(a) por su valor discriminativo.¿Qué puede hacer un ciudadano si se plantea estas pruebas? Primero, revisar antecedentes familiares (infartos o ictus en varones antes de 55 años o mujeres antes de 65), medir perímetro de cintura y presión arterial, y valorar con su médico un plan. Segundo, si se realiza la analítica, pedir una explicación clara de objetivos: qué se busca, qué umbrales importan y qué cambios se proponen. Y tercero, recordar que la tecnología no sustituye lo básico: actividad física regular (especialmente fuerza), alimentación rica en fibra y proteínas de calidad, sueño y gestión del estrés.El interés por la longevidad saludable está acelerando la adopción de herramientas más finas para detectar riesgo temprano. Bien usadas, estas analíticas pueden ser una brújula útil. Mal usadas, pueden convertirse en ruido, ansiedad y gasto. El reto para 2026, según coinciden los clínicos, será integrar estos biomarcadores en circuitos asistenciales con criterios claros y mensajes comprensibles, para que el dato se traduzca en salud y no solo en números.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ponte en contacto con nosotros