La nueva generación de vacunas intranasales contra la gripe avanza en Europa: más cómodas y con foco en frenar el contagio

Pinchazo o espray. En pleno pico invernal y con las urgencias tensionadas por infecciones respiratorias, una idea vuelve a ganar fuerza en laboratorios y hospitales europeos: vacunas intranasales que se administran como un aerosol y buscan no solo evitar la enfermedad grave, sino también reducir la transmisión al reforzar la inmunidad en la mucosa de la nariz, la puerta de entrada habitual del virus de la gripe.La actualidad llega de la mano de varios programas de investigación y ensayos que, según fuentes del ámbito regulatorio y clínico, están empujando a una “segunda ola” de candidatos intranasales con tecnologías más precisas que las de generaciones anteriores. El objetivo es ambicioso: mejorar la aceptación de la vacunación en población reticente a las agujas y, al mismo tiempo, potenciar la respuesta inmune local en vías respiratorias, donde se inicia la infección. En un contexto en el que los sistemas sanitarios buscan herramientas preventivas más eficientes, la vía intranasal se perfila como una alternativa con potencial impacto poblacional.La lógica biológica es clara. Las vacunas intramusculares tradicionales generan una buena respuesta sistémica (anticuerpos en sangre), eficaz para disminuir complicaciones, hospitalizaciones y mortalidad. Sin embargo, los virus respiratorios se replican primero en la mucosa nasal. Por eso, cada vez se habla más de inmunidad mucosal, especialmente de anticuerpos IgA y de células inmunes residentes que actúan en el propio epitelio respiratorio. “Si logramos una respuesta robusta en la mucosa, el virus lo tiene más difícil para establecerse y multiplicarse; eso puede traducirse en menos contagios”, explica la inmunóloga clínica María Sanz, del entorno hospitalario madrileño, en declaraciones a este medio.En Europa ya existe experiencia con formulaciones nasales en población pediátrica en algunos países, pero la nueva generación apunta a ampliar perfiles: adultos, mayores y personas con comorbilidades, segmentos donde la eficacia y la seguridad deben demostrarse con especial rigor. Además, los desarrolladores intentan resolver dos retos históricos: la consistencia de la respuesta inmune (que puede variar según la técnica de administración o el estado de la mucosa) y la estabilidad del producto.Los equipos que lideran estos proyectos combinan plataformas diversas: vectores virales atenuados, proteínas recombinantes con adyuvantes diseñados para mucosa y, en algunos casos, formulaciones que se inspiran en la rapidez de actualización de las tecnologías de ARN, aunque adaptadas a la vía nasal. El mensaje común es que la administración sin aguja podría facilitar campañas masivas, reducir barreras logísticas y mejorar la experiencia del paciente. “La comodidad importa: en salud pública, cada punto porcentual de cobertura cuenta”, resume Javier Molina, farmacéutico y experto en políticas del medicamento, que subraya que el impacto real dependerá de resultados comparativos frente a las vacunas actuales.El interés no es solo clínico, también económico y organizativo. En temporadas con circulación intensa de virus, la gripe sigue siendo una causa relevante de bajas laborales, complicaciones en población vulnerable y presión sobre atención primaria. Distintos informes de organismos europeos de vigilancia epidemiológica recuerdan que la vacunación antigripal reduce la carga de enfermedad, pero la efectividad varía cada año por la adecuación de cepas y por el estado inmunitario de cada grupo. En ese escenario, una vacuna que además pueda disminuir la transmisión tendría un valor añadido para residencias, hospitales y entornos donde los brotes son difíciles de contener.Ahora bien, los expertos piden prudencia. La vía intranasal plantea preguntas específicas: ¿cómo se comporta en personas con rinitis crónica o con uso frecuente de descongestionantes? ¿Qué ocurre si hay infección respiratoria concomitante en el momento de la vacunación? ¿Cómo se mide de forma estandarizada la inmunidad mucosal para comparar estudios? Y, sobre todo, ¿qué perfil de seguridad se observa en grandes cohortes? Aunque la mayoría de candidatos actuales se diseñan con estándares exigentes, la evaluación regulatoria debe contemplar efectos locales (irritación, epistaxis) y la duración de la protección.En España, profesionales de atención primaria consultados señalan un posible efecto positivo adicional: mejor adherencia en personas con fobia a agujas y en campañas comunitarias. “Hay pacientes que se vacunarían si fuese un espray; no es una anécdota, lo vemos cada temporada”, comenta Sanz. Aun así, matiza que la comunicación será clave para evitar falsas expectativas: una vacuna intranasal no sustituye automáticamente a las actuales, sino que podría convertirse en una herramienta más, con indicaciones concretas según edad y riesgo.El calendario es el gran interrogante. Aunque algunos candidatos avanzan en fases clínicas, la llegada a consultas depende de resultados sólidos, fabricación a gran escala y autorizaciones. Mientras tanto, los especialistas recuerdan que las medidas que ya funcionan siguen siendo relevantes: vacunación en grupos recomendados, higiene de manos, ventilación en interiores y quedarse en casa si hay fiebre o síntomas intensos. La innovación, dicen, es prometedora, pero la prevención cotidiana continúa siendo el primer eslabón.Si la próxima temporada trae novedades, lo importante será discernir qué aporta cada formulación: protección frente a enfermedad grave, duración, facilidad de distribución y potencial para cortar cadenas de contagio. La nariz podría convertirse en el nuevo frente de la vacunación antigripal, pero el veredicto final lo dictarán los datos y la experiencia en el mundo real.

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