La OMS alerta del repunte del sarampión en Europa: por qué los adultos también deben revisar su vacunación

La OMS alerta del repunte del sarampión en Europa: por qué los adultos también deben revisar su vacunación

El sarampión vuelve a colocarse en el radar sanitario europeo. Tras años en los que la enfermedad parecía controlada en gran parte del continente, varios países han notificado un aumento de casos y brotes vinculados a viajes, bolsas de baja cobertura vacunal y retrasos en la vacunación infantil. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y agencias de salud pública europeas insisten en el mismo mensaje: dos dosis de vacuna frente al sarampión (triple vírica, MMR) son la medida más eficaz para evitar contagios y complicaciones.

El problema no es solo pediátrico. El repunte está sacando a la luz una realidad menos comentada: hay adultos que no están correctamente inmunizados, ya sea porque recibieron una sola dosis en su infancia, porque no conservan su cartilla de vacunación o porque pertenecen a cohortes con calendarios diferentes. En España, el sarampión se considera una enfermedad prevenible por vacunación y la triple vírica forma parte del calendario sistemático, pero los expertos recuerdan que los brotes suelen encontrar huecos allí donde se acumulan personas susceptibles.

La OMS ha advertido en sus actualizaciones recientes sobre el incremento de sarampión en la Región Europea, un fenómeno que se ha observado también en otros lugares del mundo tras la pandemia, cuando se produjeron interrupciones en programas de inmunización y bajaron las coberturas en algunos grupos. El sarampión es uno de los virus más contagiosos conocidos: puede transmitirse por el aire y permanecer en el ambiente durante un tiempo, lo que facilita la propagación en espacios cerrados y concurridos.

“Cuando la cobertura con dos dosis cae, el sarampión aprovecha cualquier oportunidad. No es una infección leve: puede causar neumonía, encefalitis y complicaciones graves, especialmente en lactantes, embarazadas e inmunodeprimidos”, explica el doctor Fernando Moraga-Llop, pediatra y portavoz de la Asociación Española de Vacunología, en declaraciones a este medio. En términos de salud pública, el objetivo es sostener coberturas muy altas de MMR para reducir al mínimo la circulación del virus y proteger también a quienes no pueden vacunarse por motivos médicos.

La clave está en la llamada inmunidad de grupo, que en el caso del sarampión requiere porcentajes de vacunación especialmente elevados debido a su alta transmisibilidad. En la práctica, esto significa que pequeñas caídas en la cobertura —o la existencia de comunidades con tasas bajas— pueden favorecer brotes. Además, la movilidad actual (viajes, eventos masivos, turismo) facilita la importación de casos y la aparición de cadenas de transmisión si el virus encuentra personas no inmunizadas.

¿Qué deben hacer los adultos? Los especialistas recomiendan empezar por lo básico: comprobar si se tienen dos dosis documentadas de triple vírica o evidencia de inmunidad. En España, el consejo general es revisar el historial de vacunación con el centro de salud. Si no hay constancia y no se puede asegurar la pauta completa, el profesional sanitario puede indicar la vacunación, ya que la MMR es una vacuna viva atenuada con un perfil de seguridad ampliamente estudiado, aunque con contraindicaciones en embarazo e inmunosupresión.

“En consulta vemos con frecuencia adultos que creen estar vacunados y en realidad solo recibieron una dosis, o no pueden demostrarlo. Ante la duda, lo más práctico es valorar la vacunación según antecedentes y situación clínica”, señala la doctora María José Mellado, pediatra e investigadora clínica, que subraya la importancia de proteger a convivientes de bebés pequeños y a personal sanitario. En entornos laborales con contacto con pacientes o en viajes a zonas con brotes, revisar la inmunización cobra aún más relevancia.

El repunte también reabre el debate sobre la desinformación. Aunque la evidencia científica ha refutado de manera contundente vínculos entre la vacuna triple vírica y el autismo, los bulos persisten y erosionan la confianza. Las autoridades sanitarias insisten en que las decisiones informadas deben basarse en fuentes fiables: organismos de salud pública, sociedades científicas y profesionales sanitarios.

Más allá de la vacunación, las medidas de control ante un caso sospechoso incluyen aislamiento, notificación rápida y rastreo de contactos. En un brote, se puede recomendar la vacunación postexposición en personas susceptibles y, en situaciones concretas, el uso de inmunoglobulina para proteger a quienes tienen mayor riesgo y no pueden recibir la vacuna. Sin embargo, los expertos recalcan que la prevención sostenida es más eficaz que la respuesta a posteriori.

En un momento en el que la innovación médica convive con problemas tan “clásicos” como las enfermedades prevenibles por vacunación, el sarampión recuerda una lección incómoda: los logros en salud pública no son irreversibles. Revisar la cartilla, resolver dudas con el médico y mantener altas coberturas no es un gesto burocrático, sino una inversión colectiva. En palabras de los especialistas, la pregunta no es si el sarampión puede volver, sino si le vamos a dejar espacio para hacerlo.

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