La OMS alerta del repunte del sarampión en Europa: por qué vuelve una enfermedad prevenible y qué puedes hacer hoy

La OMS alerta del repunte del sarampión en Europa: por qué vuelve una enfermedad prevenible y qué puedes hacer hoy

El sarampión, una infección que muchos daban por “superada”, vuelve a ocupar titulares en Europa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF han advertido en sus últimas actualizaciones de un aumento de casos en la Región Europea, un repunte que preocupa no solo por el número de contagios, sino por lo que revela: bolsas de población con vacunación insuficiente y un virus con una capacidad de transmisión extraordinaria.

El sarampión no es una gripe fuerte ni un “virus de la infancia sin más”. Es una enfermedad altamente contagiosa que puede causar complicaciones graves, especialmente en lactantes, embarazadas y personas inmunodeprimidas. La paradoja es evidente: existe una vacuna segura y eficaz desde hace décadas, y aun así los brotes resurgen cuando se reduce la cobertura.

Según la OMS, Europa ha experimentado en los últimos años un incremento de brotes asociado a descensos en la vacunación durante y después de la pandemia, dificultades de acceso en algunos grupos y la circulación de desinformación. La vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubéola) requiere dos dosis para lograr una protección óptima a nivel individual y comunitario. Cuando se acumulan personas con pautas incompletas, el virus encuentra “huecos” por los que colarse.

La clave está en su contagiosidad. El sarampión se transmite por vía aérea y puede permanecer en el ambiente durante un tiempo tras la tos o estornudos de una persona infectada. En términos epidemiológicos, su capacidad de propagación es tan alta que los expertos suelen señalar que para evitar brotes se necesita una cobertura vacunal muy elevada. “Con el sarampión, pequeñas caídas en la vacunación pueden traducirse en brotes grandes”, explica la epidemióloga y pediatra Marta García (Hospital universitario de Madrid), consultada por este medio. “La buena noticia es que la prevención está al alcance: revisar la cartilla y completar dosis”.

En España, las coberturas infantiles suelen ser altas, pero los brotes pueden aparecer por varios motivos: viajes y movilidad internacional, grupos con rechazo a las vacunas, retrasos en el calendario, o adultos que no recuerdan si están inmunizados. Además, el sarampión puede comenzar con síntomas inespecíficos (fiebre, malestar, tos, conjuntivitis), antes de la aparición del exantema típico. En esa fase inicial, la persona ya puede contagiar.

Las complicaciones no son raras en determinados perfiles. Puede provocar otitis, neumonía y, en casos menos frecuentes, encefalitis. También existe una complicación tardía y muy infrecuente pero devastadora, la panencefalitis esclerosante subaguda, que aparece años después de la infección. Por eso, la prevención no se limita a “evitar el sarpullido”: se trata de reducir el riesgo de hospitalización y de secuelas.

Las autoridades sanitarias europeas insisten en que el repunte es, sobre todo, un recordatorio de salud pública: la inmunidad colectiva se sostiene con la suma de decisiones individuales. “Cada dosis cuenta, porque protege a quien la recibe y también a quienes no pueden vacunarse por motivos médicos”, señalan fuentes de UNICEF en un comunicado reciente sobre inmunización infantil. En la práctica, esto afecta directamente a bebés demasiado pequeños para completar la pauta y a personas con tratamientos que deprimen el sistema inmune.

Qué puedes hacer hoy, de forma concreta. Primero, comprueba tu estado vacunal: si naciste en España a partir de los años en que la triple vírica estaba incorporada al calendario, es probable que tengas una o dos dosis, pero conviene confirmarlo en tu historial. Si eres adulto y no lo tienes claro, tu centro de salud puede orientarte; en muchos casos, se recomienda completar la pauta si no hay constancia. Segundo, si vas a viajar o convives con personas vulnerables, revisa con antelación la vacunación, porque la protección no es instantánea.

Tercero, presta atención a los síntomas si has tenido exposición: fiebre alta, tos, moqueo, ojos rojos y, después, erupción cutánea. Ante sospecha, la recomendación general es contactar con el sistema sanitario antes de acudir presencialmente para evitar contagios en salas de espera. Y cuarto, desconfía de mensajes que equiparan “haber pasado la enfermedad” con una estrategia razonable de inmunización: el riesgo de complicaciones no compensa, y la vacuna logra protección sin asumir el coste de la infección.

El repunte del sarampión es una noticia incómoda, pero también una oportunidad: reforzar la cultura de prevención y cerrar brechas de cobertura. En un momento de alta movilidad y con sistemas sanitarios bajo presión, la vacunación sigue siendo una de las herramientas más coste-efectivas de la medicina moderna. El mensaje esencial no ha cambiado: la prevención funciona, pero necesita constancia.

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