La vacuna contra el VRS se consolida en mayores: qué cambia este invierno para la salud respiratoria en España

La vacuna contra el VRS se consolida en mayores: qué cambia este invierno para la salud respiratoria en España

Durante años, el virus respiratorio sincitial (VRS) se asoció casi en exclusiva a bronquiolitis en bebés. Sin embargo, este invierno vuelve a confirmarse una realidad menos conocida: en adultos mayores y personas con ciertas enfermedades crónicas, el VRS también puede causar cuadros graves, ingresos y una recuperación lenta. La novedad es que, por primera vez, la prevención empieza a jugar en otra liga: las vacunas frente al VRS para adultos se están incorporando de forma progresiva en distintos sistemas sanitarios y el debate ya está sobre la mesa en España.

El VRS es un virus estacional que circula con fuerza en los meses fríos, junto a gripe y otros patógenos respiratorios. En mayores de 60-65 años, puede desencadenar neumonía, descompensaciones de EPOC o insuficiencia cardiaca y un deterioro funcional que se nota durante semanas. Además, la convivencia con otros virus y la fragilidad propia de la edad hacen que el impacto sea mayor de lo que sugieren los resfriados “de siempre”. En términos de salud pública, el VRS es una pieza más del puzle que explica por qué los inviernos tensionan urgencias y plantas de hospitalización.

En 2023 y 2024 se produjo un punto de inflexión internacional: agencias reguladoras como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la FDA en Estados Unidos autorizaron varias vacunas para prevenir la enfermedad por VRS en adultos mayores (y, en algunos casos, en embarazadas para proteger al recién nacido mediante anticuerpos maternos). Desde entonces, el foco se ha desplazado a cómo priorizar su uso: quién se beneficia más, cuál es el mejor momento de administración y cómo se integra con campañas ya consolidadas como la de la gripe o los refuerzos frente a COVID-19.

La evidencia disponible procede de ensayos clínicos grandes que evaluaron la prevención de enfermedad respiratoria baja por VRS en población de más edad. En conjunto, estos estudios mostraron una reducción significativa del riesgo de enfermedad sintomática y, sobre todo, de cuadros de mayor intensidad en los grupos vacunados. Los expertos subrayan que, como ocurre con otras vacunas respiratorias, la protección puede variar con el tiempo y con la circulación de cepas, por lo que el seguimiento de efectividad en vida real es clave para afinar recomendaciones.

En España, la conversación se enmarca en un cambio más amplio: la prevención respiratoria ya no se limita a una única vacuna anual. Hoy se habla de “paquetes de protección” adaptados al perfil de riesgo. Personas con EPOC, asma grave, cardiopatías, diabetes, enfermedad renal crónica o inmunosupresión son candidatas a estrategias más intensivas, porque cada infección respiratoria puede traducirse en pérdida de capacidad, caídas, empeoramiento de la fragilidad o necesidad de rehabilitación.

“El VRS no es un virus menor en el adulto mayor: cuando afecta al pulmón o descompensa una patología previa, el impacto clínico puede ser comparable al de la gripe en determinados perfiles”, explica la neumóloga María José Sanz, del ámbito hospitalario, en declaraciones a este medio. “La llegada de vacunas específicas abre una oportunidad, pero la clave será identificar a quienes más se benefician y coordinar mensajes para que la población no se pierda en un calendario cada vez más complejo”.

La logística también importa. Las campañas de otoño-invierno ya incluyen, según edad y comunidad autónoma, vacunación antigripal, refuerzos de COVID-19 para grupos recomendados y, en algunos territorios, programas de prevención del VRS en lactantes con anticuerpos monoclonales. Añadir una nueva vacuna exige planificación: recordatorios, disponibilidad en atención primaria, criterios homogéneos y una comunicación clara que evite la sensación de “sobrecarga” en la ciudadanía.

Otro punto sensible es la seguridad. Las vacunas autorizadas han sido evaluadas con los estándares habituales, pero los sistemas de farmacovigilancia continúan monitorizando eventos raros, como ocurre con cualquier intervención poblacional. “La evaluación beneficio-riesgo debe ser dinámica: se revisa con datos de uso real y se ajustan recomendaciones si aparece nueva información”, señala un portavoz de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), consultado para este artículo. Ese seguimiento, añaden los especialistas, es precisamente una fortaleza del modelo europeo.

Para el ciudadano, el mensaje práctico no es “vacunarse de todo”, sino vacunarse de lo que toca según su riesgo. Quienes tengan más de 60-65 años o convivan con enfermedades crónicas deberían consultar en su centro de salud si existen recomendaciones locales frente al VRS y cómo encajan con la vacuna de la gripe y los refuerzos frente a COVID-19. Y, como siempre, la prevención no farmacológica suma: ventilación, higiene de manos, evitar acudir enfermo a espacios cerrados y el uso de mascarilla en entornos sanitarios o si hay síntomas respiratorios sigue siendo una herramienta útil, especialmente para proteger a los más vulnerables.

La gran novedad de este invierno es conceptual: el VRS deja de ser un “invitado invisible” en la salud respiratoria del adulto. Con vacunas disponibles y una estrategia que empieza a definirse, la prevención puede ganar terreno a la hospitalización. El reto, ahora, es convertir la innovación en rutina clínica sin perder de vista lo esencial: priorizar a quienes más lo necesitan y comunicar con claridad para que la protección llegue a tiempo.

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