Un soplido puede decir más que un análisis de sangre. Investigadores europeos han presentado un prototipo de “nariz electrónica” (e‑nariz) apoyada por inteligencia artificial capaz de identificar, en cuestión de minutos, patrones en el aliento asociados a enfermedad renal crónica (ERC). El objetivo: adelantar el diagnóstico y mejorar el seguimiento de millones de personas que conviven con una patología silenciosa y, a menudo, detectada demasiado tarde. La idea parte de un hecho conocido en nefrología: cuando los riñones pierden capacidad de filtrar, se acumulan compuestos volátiles que pueden liberarse por la respiración. Entre ellos, ciertos perfiles de compuestos orgánicos volátiles (VOCs) y derivados nitrogenados. La novedad no es que existan, sino la posibilidad de leer esa “huella química” con sensores portátiles y algoritmos, sin agujas, sin laboratorios y con un resultado rápido que pueda usarse en atención primaria. El dispositivo combina un array de sensores (materiales sensibles a VOCs en concentraciones muy bajas) con modelos de aprendizaje automático entrenados para distinguir señales complejas. En pruebas preliminares, el sistema habría logrado diferenciar a pacientes con ERC de controles sanos y, además, detectar cambios compatibles con empeoramiento clínico. Los datos se han compartido en un informe técnico y en presentaciones recientes en el circuito científico europeo, mientras los equipos preparan validaciones más amplias en hospitales. Por qué importa ahora. La ERC afecta a más de 850 millones de personas en el mundo, según estimaciones ampliamente citadas en salud pública, y su prevalencia crece de la mano de la diabetes tipo 2, la hipertensión y el envejecimiento. En muchos casos, los síntomas aparecen cuando el daño ya es significativo. De ahí que las guías insistan en el cribado de poblaciones de riesgo mediante creatinina, eGFR y albuminuria. El problema: no siempre se llega a tiempo ni con la frecuencia necesaria, especialmente fuera de grandes centros. “La promesa de un test de aliento es doble: accesibilidad y repetición”, explica la nefróloga Marta Ríos (Hospital Universitario, consultada para este medio), que no participa en el desarrollo. “Si un paciente pudiera controlarse con más frecuencia y de forma no invasiva, podríamos ajustar tratamientos y hábitos antes de que el deterioro sea irreversible. Pero la clave será demostrar precisión clínica y evitar falsos positivos”. En paralelo, agencias y organismos como la European Medicines Agency (EMA) y la U.S. Food and Drug Administration (FDA) llevan años afinando criterios para tecnologías médicas basadas en IA: no basta con un algoritmo que “acierte” en un conjunto pequeño; hace falta validación externa, diversidad de pacientes, trazabilidad, control de sesgos y evidencia de utilidad real en la práctica. ¿Cómo funcionaría en la vida real? El plan, según los investigadores, es integrar la e‑nariz en circuitos de cribado y seguimiento: centros de salud, farmacias con cabina de telemedicina o unidades móviles. El paciente soplaría durante unos segundos; el dispositivo analizaría el perfil de VOCs y generaría un indicador de riesgo. Ante un resultado sospechoso, se derivaría a pruebas estándar. En seguimiento, podría ayudar a identificar tendencias (mejora o empeoramiento) junto a datos de presión arterial, peso y glucosa. Los expertos insisten en que no sustituirá a la analítica: sería una herramienta de triage y monitorización, especialmente útil donde las extracciones son menos accesibles o donde se busca un control más frecuente sin sobrecargar laboratorios. También se investiga su utilidad para distinguir ERC de otras condiciones que pueden alterar el aliento, como infecciones respiratorias, cambios dietéticos o ciertos fármacos. La noticia llega en un momento de efervescencia para el diagnóstico no invasivo. En los últimos años han avanzado sensores de piel, parches de sudor, análisis de voz y pruebas basadas en lágrimas o saliva. Pero el aliento tiene una ventaja: es una muestra fácil, rápida y potencialmente rica en información metabólica. El desafío es que está influido por múltiples factores: hidratación, ayuno, alcohol, tabaco, microbiota oral y hasta el enjuague bucal. Por eso, los ensayos clínicos deberán estandarizar condiciones y demostrar que la señal renal se mantiene estable. Qué puedes hacer hoy si te preocupa tu salud renal. Los especialistas recuerdan que las herramientas más efectivas siguen siendo sencillas: controlar la presión arterial, mantener una glucemia en rango si hay diabetes, evitar el abuso de antiinflamatorios sin supervisión, revisar suplementos “detox” y priorizar una dieta con sal moderada y proteína ajustada a necesidades. Y, si perteneces a un grupo de riesgo (diabetes, hipertensión, obesidad, antecedentes familiares), pedir a tu médico un control con eGFR y albuminuria. La e‑nariz con IA aún está en la fase en la que la ciencia se convierte en producto: necesita estudios multicéntricos, aprobación regulatoria y demostrar impacto en salud. Pero si supera esas barreras, podría abrir una puerta potente: que el diagnóstico temprano de la insuficiencia renal deje de depender tanto del calendario de extracciones y empiece, literalmente, con una respiración.