Ronquidos, cansancio persistente y la sensación de no haber descansado pese a dormir “ocho horas” son señales que millones de personas normalizan. Pero detrás puede estar la apnea obstructiva del sueño, un trastorno infradiagnosticado que eleva el riesgo cardiovascular y afecta al rendimiento cognitivo. En los últimos días, varios hospitales españoles han comenzado a evaluar una prueba de saliva domiciliaria que, combinada con un cuestionario clínico, pretende identificar a pacientes con alto riesgo y priorizar su acceso a la prueba confirmatoria.La iniciativa, impulsada por equipos de neumología y medicina del sueño en colaboración con laboratorios universitarios, se apoya en un hallazgo que gana peso en la literatura científica: ciertos biomarcadores inflamatorios y de estrés oxidativo presentes en saliva podrían correlacionarse con la gravedad de la apnea. El objetivo no es sustituir a la polisomnografía —la prueba de referencia—, sino reducir el “cuello de botella” de las listas de espera y mejorar el cribado en atención primaria.La apnea obstructiva del sueño se produce cuando la vía aérea superior se colapsa repetidamente durante el sueño, causando microdespertares y caídas de oxígeno. Se asocia a hipertensión, arritmias, ictus, diabetes tipo 2 y somnolencia diurna, con impacto en la seguridad vial y laboral. En España, especialistas estiman que una parte significativa de los casos sigue sin diagnosticar por la combinación de síntomas inespecíficos, baja percepción de riesgo y acceso limitado a pruebas nocturnas.La novedad de este enfoque es su sencillez: el paciente recibe un kit, toma una muestra de saliva por la mañana y la envía al laboratorio. Un algoritmo integra el resultado con variables como edad, perímetro cervical, índice de masa corporal, ronquido habitual y pausas respiratorias observadas. “No hablamos de una prueba definitiva, sino de un semáforo clínico que ayuda a decidir quién debe pasar antes por una poligrafía respiratoria o una polisomnografía”, explica la neumóloga Dra. Marta Llorens, responsable de una unidad de sueño en un hospital público de la Comunidad Valenciana.Según datos presentados en un reciente encuentro clínico nacional, los primeros análisis apuntan a que el panel salival, usado como herramienta de cribado, podría mejorar la detección de casos moderados y graves frente al cuestionario aislado, especialmente en personas que no se consideran “candidatas típicas”. Esto es relevante porque la apnea no afecta solo a varones con obesidad: también aparece en mujeres posmenopáusicas, en personas con retrognatia o congestión nasal crónica, y en pacientes con peso normal.Los investigadores analizan marcadores como proteínas relacionadas con inflamación sistémica, fragmentos de estrés oxidativo y señales indirectas de hipoxia intermitente. La hipótesis es que la repetición de bajadas de oxígeno y microdespertares deja una “firma” biológica medible. “La saliva es una matriz muy interesante: es no invasiva, barata y permite muestreos repetidos. El reto es separar el ruido biológico —tabaco, infecciones, periodontitis— de la señal real asociada a la apnea”, señala el bioquímico Dr. Ignacio Mena, colaborador en el desarrollo del panel.El contexto juega a favor de este tipo de soluciones. En los últimos años, la medicina del sueño ha acelerado su transición hacia modelos mixtos: parte de la evaluación se hace a distancia, con dispositivos portátiles y seguimiento telemático. Aun así, el diagnóstico confirmado sigue dependiendo de pruebas nocturnas que requieren recursos y personal especializado. En ese escenario, un cribado más fino podría reducir derivaciones innecesarias y, sobre todo, priorizar a quienes tienen más riesgo de complicaciones.Los expertos insisten en que la innovación debe ir acompañada de prudencia. La apnea es un trastorno heterogéneo y no existe un biomarcador único universal. Además, una prueba de saliva puede verse influida por medicación, higiene oral, consumo de alcohol o la presencia de inflamación gingival. Por eso, los protocolos incluyen instrucciones estrictas (ayuno previo, no fumar, no cepillarse justo antes) y criterios de exclusión temporales si hay infección respiratoria aguda.Si el cribado sugiere alto riesgo, el siguiente paso continúa siendo el estándar: poligrafía respiratoria domiciliaria o polisomnografía en laboratorio, según el caso. Y si se confirma apnea moderada o grave, el tratamiento más habitual es la CPAP (presión positiva continua), junto con medidas de estilo de vida. La pérdida de peso en quienes la necesitan, reducir alcohol por la noche, tratar la congestión nasal, revisar fármacos sedantes y mejorar la higiene del sueño pueden marcar diferencias. En ciertos perfiles se valoran dispositivos de avance mandibular o cirugía.Para los pacientes, la promesa es clara: menos tiempo entre la sospecha y la confirmación. Para el sistema, una posible optimización del circuito asistencial. “Lo importante es no trivializar los síntomas. Si hay somnolencia diurna, ronquido intenso y pausas respiratorias, hay que consultarlo; la apnea tratada reduce riesgos y mejora calidad de vida”, subraya la Dra. Llorens.Las unidades que participan en la evaluación esperan resultados más sólidos a lo largo de 2026, con validación en diferentes regiones y perfiles de pacientes. Mientras tanto, el mensaje de salud pública permanece: dormir mal no es un detalle menor. Y si una prueba sencilla ayuda a poner antes nombre a un problema silencioso, su impacto podría ir mucho más allá de una noche de descanso.