Con las lluvias y las temperaturas suaves, vuelve un clásico de cada temporada: las cestas se llenan de setas… y también las urgencias. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha recordado en los últimos meses la importancia de extremar la precaución ante el consumo de setas silvestres por el aumento de consultas por sospecha de intoxicación que suelen concentrarse en periodos de mayor recolección. El mensaje es claro: una confusión pequeña en el monte puede convertirse en un problema grave en casa. El riesgo no se limita a quienes se inician. En España, las intoxicaciones por setas se repiten cada año por varios motivos: identificación errónea (confundir especies comestibles con tóxicas), consumo de ejemplares viejos o mal conservados, y preparación inadecuada. Algunas especies potencialmente mortales, como ciertas amanitas, pueden parecerse a setas apreciadas; además, la toxicidad no se “anula” con cocción, congelación o secado, y los trucos populares (ajo, plata, cambios de color) no son métodos fiables. Desde el punto de vista clínico, el tiempo de aparición de los síntomas orienta, aunque no confirma, la gravedad. Los cuadros con vómitos y diarrea en las primeras 2–3 horas suelen asociarse a irritación gastrointestinal por especies menos peligrosas, pero no deben banalizarse: la deshidratación puede ser intensa, sobre todo en niños y personas mayores. En cambio, la aparición de síntomas tras un periodo de latencia más largo (por ejemplo, más de 6 horas) es una señal de alarma porque puede corresponder a toxinas que afectan al hígado o al riñón, con empeoramiento progresivo durante 24–72 horas. “El problema es que hay intoxicaciones que comienzan con molestias digestivas comunes y el paciente cree que se le pasará; cuando llegan los signos más serios, ya han transcurrido horas valiosas”, explica la doctora María José Gutiérrez, médica de Urgencias en un hospital público de Madrid. “Si hay duda sobre la especie o han comido varias personas, es mejor consultar pronto: la historia clínica y el tiempo de inicio de los síntomas ayudan a decidir la estrategia, incluida la monitorización y las analíticas”. El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) y los servicios de información toxicológica insisten en un punto práctico: conservar restos. Si se sospecha intoxicación, se recomienda guardar las setas sobrantes, restos de la comida o incluso los desechos de limpieza, porque su identificación puede orientar el tratamiento y la vigilancia. También conviene anotar cuándo se consumieron, cuántas personas han comido y qué síntomas aparecen y a qué hora. En cuanto a qué hacer ante los primeros signos, los expertos aconsejan: no esperar si hay síntomas intensos (vómitos repetidos, diarrea profusa, dolor abdominal fuerte, somnolencia, confusión, ictericia, sangre en heces, fiebre alta), si los síntomas empiezan varias horas después de la ingesta o si se trata de población vulnerable. En España, el teléfono 112 es la vía recomendada ante urgencia; para consultas de intoxicaciones, el Servicio de Información Toxicológica (SIT) del INTCF atiende 24 horas en el 915 620 420. No se recomienda inducir el vómito ni automedicarse con antidiarreicos sin indicación médica, ya que pueden enmascarar la evolución. Más allá de la reacción ante el problema, la prevención marca la diferencia. Las asociaciones micológicas y los especialistas repiten tres normas: recolectar solo lo que se identifica al 100%, no mezclar especies en la misma cesta (para evitar contaminación cruzada y confusiones en casa) y consumir setas en buen estado, evitando ejemplares muy maduros o deteriorados. “La foto en el móvil o una app no sustituyen una identificación experta: la morfología puede variar según el entorno y la edad del ejemplar”, recuerda Javier Sanz, micólogo y divulgador en talleres de campo. “Si tienes duda, la decisión segura es no consumir”. También importa la trazabilidad. Comprar setas en comercios autorizados reduce riesgos, porque se aplican controles y hay responsabilidad sobre el producto. En cambio, en ventas informales o intercambios sin garantías puede haber errores de identificación o conservación. Y un apunte que a menudo se olvida: algunas personas presentan intolerancias o reacciones alérgicas a setas comestibles; por eso se aconseja empezar con cantidades pequeñas si no se han consumido antes. El repunte estacional de casos es un recordatorio de que la naturaleza no siempre es sinónimo de inocuo. Disfrutar de la micología puede ser compatible con la seguridad si se prioriza el conocimiento, la prudencia y la consulta temprana. En caso de duda, la recomendación sanitaria se resume en una frase: si no estás seguro, no lo comas.