Una inyección cada seis meses para prevenir el VIH suena a futuro, pero está cada vez más cerca de convertirse en una opción real en la consulta. La noticia llega en un momento en el que la prevención combinada (preservativo, diagnóstico precoz y profilaxis preexposición) ha demostrado reducir nuevas infecciones, aunque persisten barreras de acceso, adherencia y estigma. La posibilidad de una profilaxis de larga duración podría cambiar el tablero, especialmente para quienes tienen dificultades para tomar una pastilla diaria. El medicamento en el centro de la conversación es lenacapavir, un inhibidor de la cápside de acción prolongada. Ya está autorizado como tratamiento para determinados casos de VIH multirresistente en la Unión Europea, pero su uso como prevención (PrEP) avanza tras resultados recientes de ensayos clínicos en poblaciones con alto riesgo. En 2024, el estudio PURPOSE 1 (presentado por Gilead) mostró una eficacia muy elevada en mujeres cisgénero en África subsahariana, y poco después PURPOSE 2 reportó resultados consistentes en hombres cisgénero y personas de género diverso. Estos datos, publicados en The New England Journal of Medicine, colocaron a la PrEP semestral en el foco de agencias reguladoras y programas de salud pública. En términos prácticos, la diferencia respecto a la PrEP oral diaria (tenofovir/emtricitabina o tenofovir alafenamida/emtricitabina, según indicación) es la adherencia. La eficacia de la PrEP depende de tomarla de forma correcta y continuada. En la vida real, la rutina diaria, los efectos adversos iniciales, el miedo a ser señalado o la inestabilidad social pueden dificultarlo. Una pauta semestral reduce el número de “momentos de decisión” del paciente y, bien implementada, podría mejorar la continuidad preventiva. “La innovación no es solo farmacológica; es de modelo asistencial”, explica en conversación con este medio la Dra. Elena Martín, especialista en Enfermedades Infecciosas en un hospital público de Madrid. “Una inyección cada seis meses permite planificar revisiones, reforzar educación sexual, hacer cribados de otras infecciones y detectar situaciones de vulnerabilidad. Pero requiere circuitos ágiles y que el sistema no pierda el seguimiento”. El debate, sin embargo, no se limita a la eficacia. La PrEP inyectable semestral plantea retos de coste y equidad. Hoy, la PrEP está disponible en España a través del sistema público para perfiles de riesgo definidos, pero con diferencias entre comunidades y con listas de espera en algunos puntos. Un fármaco de larga duración podría ser especialmente útil para personas con dificultades de acceso regular a consultas o farmacias, pero su precio y la logística de administración (visitas, almacenamiento, personal entrenado) serán determinantes para que no se convierta en una herramienta para pocos. Desde el punto de vista regulatorio, el camino europeo pasa por la evaluación de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) cuando se presenta la solicitud formal para la indicación preventiva. En paralelo, organizaciones internacionales como la OMS y ONUSIDA han insistido en que las tecnologías de prevención de larga duración deben ir acompañadas de estrategias de implementación que prioricen a las poblaciones más expuestas y reduzcan desigualdades. En el caso de lenacapavir, además, se discute cómo garantizar un acceso global y sostenible si se confirma su despliegue a gran escala. “No podemos permitir que la prevención avance solo para quienes ya están dentro del sistema”, subraya Miguel Ángel R., responsable de un programa comunitario de salud sexual. “La PrEP semestral puede ser un alivio para personas que no quieren o no pueden tomar medicación diaria, pero hay que acercarla a los espacios donde están los usuarios: centros comunitarios, atención primaria y circuitos sin burocracia”. Otro aspecto clave es la seguridad y el seguimiento clínico. Aunque los ensayos han mostrado un perfil de seguridad favorable, cualquier estrategia de PrEP exige pruebas periódicas de VIH antes de cada administración para evitar el riesgo de iniciar o continuar el fármaco en una infección no diagnosticada, lo que podría favorecer resistencias. También se recomienda el cribado de otras infecciones de transmisión sexual, vacunación cuando proceda (hepatitis A y B, VPH, mpox según riesgo) y asesoramiento en salud sexual. ¿A quién beneficiaría más? Principalmente a personas con riesgo sostenido de exposición al VIH y dificultades para mantener la PrEP oral; también a quienes prefieren una opción discreta, o a quienes por motivos laborales, sociales o de salud mental encuentran complicado un tratamiento diario. Aun así, los expertos recuerdan que ninguna herramienta es única: la prevención funciona mejor como un “menú” de opciones adaptadas, y el preservativo sigue siendo crucial para reducir otras ITS. Si finalmente se aprueba para PrEP en Europa, la pregunta inmediata será cómo integrarlo en la cartera de servicios y con qué criterios. La promesa es grande: menos nuevas infecciones con una estrategia más sencilla para muchos usuarios. El reto, igual de importante, será que esa promesa no se quede en titulares y llegue a quien la necesita, con seguimiento, información clara y un acceso que no dependa del código postal.