La AEMPS alerta sobre el uso indebido de ivermectina: por qué no es un “remedio” y qué riesgos reales conlleva

La AEMPS alerta sobre el uso indebido de ivermectina: por qué no es un “remedio” y qué riesgos reales conlleva

En los últimos días, farmacéuticos y médicos están volviendo a ver una escena que parecía superada: personas que piden ivermectina “por si acaso”, para tratar infecciones virales o como supuesta prevención. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) insiste en que la ivermectina es un fármaco antiparasitario con indicaciones concretas y que su uso fuera de ficha técnica, sin control médico, puede provocar efectos adversos relevantes y, además, alimentar un problema mayor: la desinformación sanitaria.

La ivermectina se utiliza en humanos para tratar determinadas parasitosis (por ejemplo, la estrongiloidiasis o la oncocercosis en contextos específicos) y también tiene usos veterinarios. El problema aparece cuando se consume sin diagnóstico, sin receta o con formulaciones no destinadas a humanos. La AEMPS y el Ministerio de Sanidad han recordado en varias ocasiones que no existe evidencia sólida que justifique su empleo para prevenir o tratar infecciones virales comunes, y que la automedicación con este principio activo puede acabar en urgencias.

“Estamos viendo consultas por mareo intenso, náuseas, diarrea y somnolencia tras tomas repetidas, y también por interacciones con otros medicamentos”, explica la doctora Laura Sánchez, médica de familia en un centro de salud de Madrid. “El riesgo aumenta cuando alguien compra presentaciones veterinarias o sigue pautas tomadas de redes sociales. La dosis y los excipientes no son equivalentes y el margen de seguridad se estrecha”, añade.

La evidencia científica disponible ha sido especialmente clara en el contexto de la COVID-19, donde la ivermectina se popularizó pese a que los ensayos clínicos y revisiones posteriores no respaldaron su eficacia. En España, la AEMPS ha mantenido una posición consistente: no recomendar ivermectina para indicaciones no autorizadas salvo en ensayos clínicos o situaciones muy justificadas bajo supervisión. A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha señalado que, fuera de estudios, no hay base para su uso rutinario en ese tipo de cuadros.

El problema, subrayan los expertos, no es solo la falta de beneficio. Es el daño potencial. Entre los efectos adversos descritos se incluyen alteraciones gastrointestinales, cefalea, hipotensión, somnolencia y, en casos de sobredosis o predisposición, síntomas neurológicos más serios. Además, la ivermectina puede interactuar con otros fármacos y con alcohol, y su metabolismo puede verse afectado por condiciones hepáticas. En paralelo, el consumo indiscriminado de antiparasitarios puede contribuir a un fenómeno conocido en veterinaria y salud pública: presión de selección y resistencias en parásitos, lo que complica tratamientos futuros donde sí es necesaria.

Desde la farmacia comunitaria también se detecta el repunte de consultas. “Hay un patrón: dudas sobre ‘protocolos’ que circulan por mensajería y peticiones de productos ‘equivalentes’”, cuenta Javier Ortega, farmacéutico en Valencia. “Nuestra labor es explicar que un medicamento no es un suplemento, que no se toma para ‘subir defensas’ y que cualquier uso debe estar respaldado por un diagnóstico y una pauta. Cuando hay síntomas, lo responsable es valorar al paciente, no buscar atajos”, señala.

La AEMPS recuerda además un matiz importante: que un medicamento sea conocido y lleve años en el mercado no lo convierte en inocuo en cualquier circunstancia. La seguridad depende de la indicación, la dosis, la duración, el estado de salud de la persona y los tratamientos concomitantes. Por eso, los profesionales recomiendan extremar la cautela con la compra online y con los canales informales. Los medicamentos falsificados o de procedencia dudosa representan un riesgo adicional, porque pueden contener dosis incorrectas o sustancias no declaradas.

¿Qué hacer si alguien ya la ha tomado por su cuenta? Los especialistas aconsejan no repetir dosis, revisar posibles interacciones (especialmente si se toman anticoagulantes, sedantes u otros tratamientos crónicos) y consultar con un profesional sanitario si aparecen síntomas como vómitos persistentes, confusión, visión borrosa, debilidad marcada o palpitaciones. En caso de empeoramiento, recomiendan acudir a urgencias y llevar, si es posible, el envase del producto consumido para facilitar la valoración.

En un momento en el que la conversación pública sobre salud oscila entre avances reales y promesas virales, el mensaje de fondo es simple: la innovación médica se sostiene en evidencia, no en tendencias. La ivermectina es útil cuando toca y peligrosa cuando se usa como comodín. El cierre, por tanto, no es una prohibición abstracta, sino una invitación práctica: ante dudas, confiar en el circuito sanitario y en fuentes oficiales, porque el bienestar también se construye evitando riesgos innecesarios.

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